Invictus

Por Alejandro Pulido Cayón
 

invictus2dClint Eastwood tiene sentido de oportunidad. Dirección firme. Madurez. Por encima de todo, ha conquistado el drama como pocos. Su faceta de director resulta, más de lo que él quisiera, superior a su trabajo actoral. Y aun de tratarse de una película menor con respecto a su propio trabajo, “Invictus” logra justo balance entre devenires políticos y deportivos.

Cuando Sudáfrica volvió a ser polo de atracción mundial –a través del Mundial de Fútbol 2010-, el veterano cineasta ofreció una mirada a la táctica utilizada por Nelson Mandela para reconciliar a su país, que emergía a la democracia con ancestral zozobra por múltiples enfrentamientos raciales (originados por la aplicación del apartheid), y que, una vez más, estaba al borde del estallido social.

El tema central del filme es la inspiración. Pero no aquella deseada por los artistas, sino la que motiva a los humanos a superar sus propios límites, y toma el nombre de una poema de 1857, Invictus, del inglés William Ernest Henley: “Desde la noche que sobre mí se cierne, /negra como su insondable abismo, /agradezco a los dioses, si existen, /por mi alma invicta… Bajo los golpes del destino /mi cabeza ensangrentada sigue erguida… Soy el amo de mi destino; /soy el capitán de mi alma”.

Con guión adaptado por Anthony Peckham, sobre el libro “Enemigos en juego”, del periodista John Carlin, la película presenta a un Mandela (Morgan Freeman) en su dimensión de estadista, capaz de comprender la coyuntura y oportunidad que el rugby tenía en 1995 para la indispensable reconciliación –dado que era el deporte practicado por los afrikáners-, y ese año el país era sede de la copa mundial; lo que garantizaba el ingreso del pésimo equipo nacional de los “Springbok” a la justa deportiva.

Para el espectador estadounidense, y más para el latino, el rugby es un deporte conocido, pero cuyos mayores fanáticos y seguidores se encuentran en lo que fue el “Common Wealth”, por lo tanto, Eastwood tuvo que hallar la fórmula exacta para destacar la interacción de Mandela con el capitán de los “Springbok”, Francois Pienaar (Matt Damon), dejando en segundo plano la acción derivada de los encuentros deportivos.

A diferencia de otras películas que utilizan al deporte como elemento motivacional, casi
siempre desde una perspectiva individualista o centrada en un solo equipo, en “Invictus” hay un especial tratamiento del elemento político que, acertadamente, impera en el discurso de la cinta. Y fluye en el subtexto de manera magistral confirmando que: “al pueblo, pan y circo”; sin embargo, salva la figura de Mandela con otra máxima maquiavélica: “el fin justifica los medios”. Bella ironía.

Sobresalen las actuaciones protagónicas del Freeman y Damon, aunque al primero se le llegan a notar algunas formas ya conocidas de su persona, propias de su ya larga encarnación de personajes; mientras que intérprete de la trilogía “Bourne”, logra un papel muy contenido, mesurado, que refleja las circunstancias y el peso que debió cargar Francois Pienaar bajo la encomienda de ganar la copa del mundo (lo que, históricamente, sucedió).

La última década ha revelado los mejores trabajos de Clint Eastwood, pero, a decir verdad en ese aspecto,  “Invictus” cumple con las expectativas, nada más. Por cierto, está a un precio muy accesible en DVD original. Y como cada semana, ya saben, desde la butaca del Sports Bar les deseo ¡Salud!
 
@alexpulidocayon

Última actualización el Jueves, 21 Junio 2012 03:17

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El amor en los tiempos del tenis

Por Alejandro Pulido Cayón
 
Wimbledon. El amor está en juegoIgnoro qué tiene el Tenis, pero las películas sobre el deporte blanco se van de lado a lado: son una especia de cuento de hadas, o se van al extremo opuesto para convertirse en soberanos dramones. Wimbledon (2004) es el más claro ejemplo de lo primero: una historia de amor que incluye príncipe destronado y princesa de inmaculada belleza.

Protagonizada por Kristen Dunst y Paul Bettany, el filme cuenta las tribulaciones de un tenista profesional venido a menos que, a través del amor de una joven promesa, recupera el impulso para lograr lo impensable: ganar Wimbledon.

Aunque la anécdota es de lo más común, reproducida hasta el cansancio por la fábrica llamada Hollywood, esta cinta tiene algo especial que nos hace disfrutarla hasta el placer culpable.

La trama del chico encuentra chica, sortean problemas, viene el desencanto por alguna mamarrachada, luego el descubrimiento del verdadero amor y el reencuentro a última hora con final feliz… ¡puf! resulta de lo más trivial; sin embargo, el elemento de que todo eso ocurre en el marco de uno de los más importantes eventos tenísticos  le añade un plus que la vuelve entrañable.

Wimbledon, que fue traducida espantosamente por insidiosos de Gobernación como “El Amor en Juego”, nos cuenta cómo Peter Colt (Bettany) ha caído tan bajo que de estar a punto de ganar la copa termina como instructor de mujeres mayores. Entrar al campeonato le significaría la última oportunidad como tenista para ganarlo. Y en un cuarto de hotel se topa en traje de Eva a Lizzie Bradbury (Dunst), la mejor contendiente en la rama femenil.

Lo interesante de la película es ver cómo el director, Richard Locraine, representa el estrés de Colt a mitad de la cancha: mediante tomas que aíslan al protagonista del público y voz en off, el cineasta nos compenetra en los pensamientos íntimos, la adrenalina, la tensión y, en fin, todo lo que soporta un atleta de alto rendimiento a mitad del partido.

Por otro lado, y manejado en tono de comedia, se nos presenta lo que podría llamarse el bajo mundo de los representantes. Ron Roth (Jon Faravreau) es el clásico mánager que pone los huevos en varias canastas, y es quien enlaza formalmente a la pareja; en tanto que Dennis Bradbury (Sam Neil), padre de Lizzie, dice velar por lo mejor para la carrera de su hija. A través de esos dos personajes, se dejan entrever los intereses comerciales que existen, me atrevo a decir, en todo deporte profesional.

Ah, un detalle simpatiquísimo es la presencia de John McEnroe interpretándose a sí mismo, mientras le recuerda que fue famoso debido a sus desplantes y berrinches.

Estoy seguro que si alguien les pregunta sobre una película de Tenis, la primare que recordarán será Wimbledon, con todo y su melcocha; pero existen otras más como Match Point, Segundo Servicio, Raqueta, Cancha Central y Desayuno en Wimbledon, mismas que comentaremos en otra ocasión. Como siempre, desde la butaca del Sports Bar les deseo ¡Salud!
 
@alexpulidocayon
Mérida, Yucatán, a 13 de junio de 2012

Última actualización el Jueves, 14 Junio 2012 01:02

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Redención a patada limpia

Por Alejandro Pulido Cayón 
 
Green street hooligansPatadas, empujones, barridas, adrenalina, agresividad expelida por cada poro son características del mundialmente aclamado fútbol: todo ello ha sido representado en la pantalla grande desde múltiples ángulos, diferentes épocas y con mensajes variados, pero casi siempre con la idea de enaltecer el espíritu humano.

Por eso, llama la atención que una película como “Hooligans” aborde el deporte del esférico desde la óptica del pandillerismo, de las violentas bandas que integran las porras de los equipos de soccer ingleses, cuyo nombre popular refiere el título del filme.

La cinta, escrita y dirigida por Lexi Alexander, sorprende al mostrar lo descarnado de la violencia en torno a los partidos de la liga inglesa, tristemente famosa por los desmanes del público, que más de una vez protagonizó batallas campales a mitad del campo de juego, con saldo de algunos muertos en la mayoría de las ocasiones.

Matt Brukner (Elijah Wood) es un joven universitario involucrado en una trampa que le tiende su compañero de cuarto, por lo que se ve obligado a dejar sus estudios de periodismo en Harvard, de tal manera que emprende un viaje a Inglaterra, para visitar a su hermana.

Ahí conoce a Pete Dunham (Charlie Hunnam), líder de una “firma” que apoya al “West Ham United”, y es a través de este personaje que el tímido norteamericano entra en contacto con la otra cara del deporte de las patadas.

A través de su autoexilio es como Matt descubre y toma gusto por la violencia: “Una vez que recibes unos cuantos golpes, te das cuenta que no eres de vidrio y quieres más”, dice.

“Hooligans” hace justicia a las películas que han tratado el fútbol, porque lo hace desde un lado oscuro, desde la óptica del fanático, utiliza un prisma otras veces desdeñado para acentuar un fenómeno aledaño al evento deportivo, pero que constituye, al menos en el caso de Inglaterra, un componente esencial de la gesta por demostrar la supremacía física.

Cada una de las escenas que componen la cinta, traza con especial atención los rasgos de sus personajes, para ahondar en conflictos de identidad que rayan en la xenofobia, y mediante la cual justifican su propia animalidad.

La perspectiva de Lexi Alexander pone en primer plano la lucha interna entre la animalidad más pura y los frenos sociales, que llaman a los individuos a integrarse de forma productiva al resto de la especie.
Paradójicamente, al tararse de una película que habla sobre el fútbol, éste permanece en un segundo plano, oculto por debajo de la piel de los integrantes de las “firmas” que apoyan a los distintos equipos, puesto que es sobre ellos que gira el argumento de la redención.

A final de cuentas, sobre eso trata “Hooligans”: la redención por medio del deporte, aunque el deporte sea la ilegalidad de las luchas callejeras, para demostrar que “mantenerse firme y pelear” devuelve el honor.

Y como siempre, desde la butaca del Sports Bar, les deseo ¡Salud!
 
En twitter @alexpulidocayon

Última actualización el Miércoles, 30 Mayo 2012 16:27

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Juego sucio

Si las películas de Soccer son malas en lo general, las de Fútbol Americano tienen todo lo que pediría el mejor libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez -si es que hay uno bien escrito-, porque en su mayoría las historias del deporte de la tacleada son algo así como de motivación, aunque se llamen Juego Sucio y tengan refritos.

the longest 2En 1974 el icónico Burt  Reynolds, bajo la dirección del gran Robert Aldrich, filmó Juego Sucio (The longest yard); y 31 años después, el disparejo Adam Sandler protagonizó el remake (término galante para decir refrito), de la misma película, pero dirigido por Peter Segal, un cineasta que raya en lo pusilánime.

La historia es de lo más interesante: un quarterback en las últimas de su carrera se pone tremenda papalina, y por gandalla (amén de ebrio), termina tras los barrotes; ahí, el director del penal le hace “una propuesta que no puede rechazar”.

Walden Hazen (Eddie Albert- James Cromweel) es el alcaide de la prisión que le ofrece a Paul Crewe (Reynolds-Sander) organice un equipo de americano que se enfrente a los guardias en un partido amistoso, pero el truco está en las apuestas y que los reos deben perder. Si pierden, el Quarterback Pro recibe libertad anticipada. Poca madre.

A lo largo de ambas películas, los reos aparecen enlodados, golpeados, deseosos de conseguir dignidad, en lucha por ser respetados pese a sus crímenes. Bajo el liderazgo de Paul, y patada a patada, tacleo a tacleo, yarda tras yarda, sienten que recuperan su honor, su libertad, pese a que ésta se reduce a un campo de juego y los cuatro cuartos de 15 minutos.

Sin dudarlo, prefiero por mucho la versión de Juego Sucio de 1974. Son varios los motivos. Primero por el director: Robert Aldrich logró un prestigio sólido con películas como ¿Qué fue de Baby Jane?, la cual volvió a poner en los reflectores a la hoy mítica Bette Davis, además de que fue el responsable de otra clásica llamada Doce al Patíbulo. Con Juego Sucio, Aldrich deja en claro su versatilidad.


Cuando en el 2005 me topé con el estreno de este Juego Sucio, en ese entonces protagonizada por Sandler, me fue irresistible entrar al cine. Insisto, la
historia es de lo mejor. Pero… peerooo… el director Peter Segal deja mucho qué desear aunque renueve lo que se conoce como el lenguaje visual. 

2004 the longest yardEsta versión sí respeta la historia original, pero le falta la autenticidad y profundidad de la primera.

Los sensibles cambios entre personajes secundarios, la actuación disminuida de Cromwell y otros factores, hacen que Juego Sucio de Segal sea menos fuerte (por decir lo menos) que la de Aldrich.

Sea como sea, y puedan como puedan, les picho, perdón, les mandó pase para esta cinta que está en DVD edición especial en la versión Sandler… quien la consiga en versión Reynolds ya la hizo. Mientras, desde la butaca del Sports Bar les deseo ¡salud!
 
@alexpulidocayon
Mérida, Yucatán, a 06 de junio de 2012

Última actualización el Jueves, 07 Junio 2012 03:39

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Desde la butaca del Sports Bar

Por Alejandro Pulido Cayón
 
Existimos dos clases de sujetos en este mundo inmundo: los que entran duro a lo rudo de los deportes, y los que les echamos porras desde cualquier Sports Bar de la colonia. Soy, lo confieso, del segundo equipo, es tanto, no juego ni en la banca. Pero eso sí, la butaca es mi especialidad, sobre todo la butaca del cine. Y de eso he venido a hablarles en esta columna. Prepárense: Luces, cámara… ¡Actívate!

Gracias a mi (de)formación profesional, que incluye haber jugado –literalmente- como balón en la primaria, ahora estoy en condiciones de ver los deportes en dimensiones cinemascope, en pantalla grande, y disfrutarlos cual enano en la feria. A eso los invito: echémosle una mirada diferente a la acción deportiva como la ven los cineastas.

Todas las disciplinas han sido llevadas a la pantalla. Algunas como verdaderas tragedias, otras en tono de comedia, muchas biográficas o sobre hechos verídicos, pero eso sí: en su mayoría edificantes e inspiradoras, o aleccionadoras.

Aquí un recuento rápido y a bote pronto de algunas películas que iremos comentando, por deporte y sin importar el año o nacionalidad. Va.

cine activateBox (donde quizá están los dramas mayores): Campeón sin corona; El Luchador; El Peleador; Contra las cuerdas; La chica del millón de dólares; Toro Salvaje; Huracán; Ali; Rocky, pero sólo las dos primeras partes.
Soccer (en las que conviven los mayores churros y las mejores propuestas): Escape a la victoria; Hooligans; Rudo y Cursi; Goool 1,2 y 3; El Chanfle; Atlético San Pancho; Saholin Soccer, esta última con todo y artes marciales.
Fútbol Americano: Un domingo cualquiera; Los Suplentes; Duelo de titanes; Juego contra el Destino; Los Rompehuesos; Un sueño posible; El Aguador; Amor y desafío, Jerry Maguire; Luces de viernes por la noche; Invencible.
Béisbol: Moneyball, rompiendo las reglas; Ligas mayores; Una liga para recordar; El campo de los sueños; Por amor al juego; Los búfalos de Durham (una súper clásica); El novato.
Basquetbol: Diario de un rebelde; Descubriendo a Forester; Una mala jugada; Los blancos no saben saltar; O (que es una adaptación de Otelo, de Shakespeare, donde los protagonistas son adolescentes jugadores de básquet).
Lucha libre, sin contar todas las del Santo, Blue Demmon, Rayo de Jalisco, Octagón y de más memorables churros, mencionaré El Luchador (de Darren Aronofsky) y Nacho Libre.
Deportes extremos, automovilismo y jaladas futuristas: Rollerball (en su versión setentera); Acero puro; Los amos de Dogtown; Rompiendo las olas; Invictus (sólo porque hay pocas de rugby); Locos por el surf; Speed Racer; Space Jam; Xtremo; Cuestión de pelotas; Lagaan (que narra una apuesta de criquet); Días de trueno; Driven; La carrera de la muerte 1 y 2.
Y esos deportes que no son deportes como el Ajedrez, el Golf y el Billar, también tienen sus buenas películas: La estrategia de Luzhin; En busca de Bobby Fisher; El color del dinero; La leyenda de Bagger Vance; Tin Cup; por citar algunas. Ah, y no podían faltar las de porristas, pero eso va para el segundo tiempo.  Se vale sugerir más películas, que iremos revisando semanalmente.
Ahí los veo desde la butaca de mi Sports Bar personal "El Tigrocho”, les deseo ¡salud!

@alexpulidocayon
Mérida, Yucatán, a 23 de mayo de 2012

Última actualización el Miércoles, 23 Mayo 2012 22:37

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Alex Pulido


alexpulido

Periodista, Dramaturgo y Narrador.  Ha publicado el libro de cuentos "La mejor defensa" y llevado a escena obras de teatro de su autoría, entre las que destacan "En la guarida de la mujer vampiro" y "El ilustre caso de la mujer maravilla y sus conflictos con el amor".

En deportes extremos destaca por aguantar hasta siete horas de Barra Libre

 

 

 

 

 

 

 

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